El pasado mes de Junio fuimos testigos del comienzo de una nueva etapa en las vidas de Alejandro y Maitane, protagonistas de una de las historias más tiernas de las que hemos tenido la suerte de ser testigos.

Lo suyo no es una historia al uso… él de Madrid y ella de Bilbao, se conocieron en Londres y  vivieron sus años de noviazgo a caballo entre ambas ciudades; pero el cariño y amor que se profesan han sido el principal motor para seguir con su historia de amor y poner así el broche final con un día para el recuerdo.

El precioso Caserío Olagorta, en Berango, fue testigo de una boda divertida, romántica y juvenil, muy fiel al estilo de los novios y de los amigos y familiares que les acompañaron. Maitane, que lucía serena un precioso vestido a medida de la diseñadora bilbaína Alicia Rueda con zapatos de Franjul, tocado simulando flores en colores pasteles de Tocados Le Touquet y ramo de Fiore Bilbao, era la viva imagen de la felicidad. El maquillaje y la peluquería fueron obra de  Littas.

Alejandro, por su parte, con la planta de un auténtico triatleta, vestía impecable chaqué de Pequeña Sastrería, camisa a medida de Camisería Ayala y zapatos de Carmina Shoes. Pero de él destacar sobre todo su paciencia y dedicación a la hora de elegir todos y cada uno de los detalles. ¡Una suerte tener novios que se involucren tanto!

Para dejar constancia de un día tan especial no pudieron faltar dos profesionales de altura: la fotógrafa Inma Fiuza y el videógrafo Iñigo Santamaría, de Visión Alternativa. Un verdadero placer trabajar con vosotros y, ¡el resultado no podía ser mejor!

Pequeños rincones llenos de magia decoraban el mítico caserío de Berango para darle un aire más personal y puro: la disposición y decoración del seating plan y del comedor con flores de Garden Center, dos gigantes letras con sus iniciales, los regalos y mensajes personalizados que los novios habían dejado a cada uno de los invitados y la mesa dulce, con cupcakes y brownie de Danita’s Bakery, fueron algunos de esos rincones que dejaron boquiabiertos a los invitados.

Aquí, en el mismo sitio donde un día nos despedimos para no volvernos a ver más, siete años después; ¿Quieres casarte conmigo?”

En ese mismo momento, en una calle de Londres y sin yo si quiera saberlo, empezaba lo que sería nuestra mayor aventura. En nuestra cabeza una única idea: ser capaces de montar la mejor fiesta que jamás hubiéramos preparado.

Los dos, tanto Alex como yo, nos consideramos muy detallistas y siempre nos ha encantado organizar sorpresas, preparar cumpleaños, hacer regalos… Así que; ¿Cómo no íbamos a encargarnos nosotros de organizar nuestra propia boda? ¡Manos a la obra!

Las semanas iban pasando y nosotros vivíamos al 100% cada paso. La búsqueda de la iglesia, la emoción de encontrar el sitio perfecto (Olagorta), de poder contar con los mejores: Inma Fiuza e Iñigo, de Visión Alternativa, de crear las invitaciones, de revolver nosotros mismos en el cajón de Internet para encontrar los detalles perfectos para nuestros invitados… Pero según se iba acercando el día nos dábamos cuenta de que casarnos en Bilbao (tengo el honor de ser de la mejor ciudad del planeta) y vivir y trabajar duro en Madrid, iba a suponer un gran problema. Así que nos entró el miedo, el miedo de no poder hacer todo lo que habíamos pensado y no poder terminar de cerrar tantas cosas importantes que estaban aún pendientes.

A un mes de la boda llego nuestra salvación: ¡las chicas de La Foresta! Conexión total. Desde aquellas primeras palabras en esa cafetería supimos que habíamos acertado. Paloma nos trajo la calma, todo iba a poder hacerse, sin preocupaciones, y no sólo eso, ellas tenían una vuelta de tuerca más para cada uno de nuestros planes, y todo nos encantaba, hasta el más mínimo detalle. Las flores, las luces, la decoración, la planificación dejaron de ser una agonía para volver a ser lo que había sido toda la organización de la boda desde el principio: felicidad absoluta. Y qué decir del día de la boda, donde todo estuvo perfecto. No se le escapó ni un detalle y resolvió hasta el más mínimo de los problemas sin nosotros darnos cuenta. Naturalidad.
La Foresta fue la guinda perfecta de nuestro pastel, consiguiendo una boda mejor de lo que habíamos soñado: la fiesta perfecta de nuestro amor rodeados de nuestra gente favorita. Solo tenemos palabras sinceras de agradecimiento.

Hoy, meses después de ese gran día, nos seguimos diciendo: ¡ojalá hubiéramos descubierto antes a La Foresta!

 

¡Gracias Alejandro y Maitane por dejarnos ser testigos de un día tan especial para vosotros!